Cuando la desinformación es intencionada: la estrategia propagandística de China y Rusia
Introducción
En Homo videns, uno de sus textos más conocidos, Giovanni Sartori (1993) lleva a cabo un
sugerente análisis acerca del impacto de la televisión en el panorama epistémico de las
sociedades actuales, a las que define como teledirigidas, debido a una presumible dependencia
entre la formación de la opinión pública contemporánea y la imagen televisada. Más allá de otras
consideraciones —en ocasiones polémicas— Sartori recupera tres importantes categorías para
someter a examen la calidad de la información televisiva, a saber: desinformación,
subinformación y pseudoacontecimientos.
Como menciona nuestro autor, tales tres nociones se hallan interrelacionadas en una suerte de
porosidad desde la cual se coimplican y, a veces, se confunden (Sartori, 1993). Sucede lo
anterior puesto que unas y otras refieren, básicamente, a información de poca sustancia en su
hechura, contenido y presentación ante los públicos. Así, el fenómeno de la subinformación
tendría que ver con cierto tipo de información que no informa, debido a su carácter insuficiente y
empobrecedor (Sartori, 1993). La desinformación, por su parte, consiste en información
distorsionada, en «dar noticias falseadas que inducen al engaño» (Sartori, 1993, p. 80), mientras
que los pseudoacontecimientos no son más que eventos prefabricados «para la televisión y por la
televisión» (Sartori, 1993, p. 83).
Desde semejante punto de vista son fácilmente observables las ligaduras entre los conceptos
anteriores. Una noticia cuyo contenido ha sido reducido al mínimo, y omiten elementos de
primer orden en el desarrollo de algún acontecimiento, además de subinformativa, se torna al
mismo tiempo desinformativa, puesto que, debido a la pobreza o parcialidad en la narración de
los hechos, podría reflejar visiones que no corresponden precisamente al suceso en boga. De
igual forma, los pseudoacontecimientos no parecen ser otra cosa que cierto tipo de expresión
desinformativa que induce al engaño a través de la imagen, así como subinformativa cuando su
prefabricación consiste en omitir o invisibilizar la totalidad del acontecimiento.
En el presente ensayo asumimos una clase de efecto bumerán respecto de Sartori. Mientras que
nos acercamos a su propuesta de articulación de los fenómenos subinformativo y desinformativo, optamos por recuperar una noción más contemporánea del término desinformación, el cual
enfatiza el carácter deliberado de este acontecimiento frente a las reservas sartorianas respecto
de su ocasional inconsciencia. De igual forma, mientras que compartimos con el pensador
italiano la preocupación por el efecto de la opinión pública en el entramado de las democracias,
cuestionamos su enfoque restrictivo de los medios de comunicación, el cual otorga
preponderancia a la información televisada.
Nuestro texto asume, en efecto, un análisis práctico de la desinformación como arma política. En
este sentido, sostenemos que la proliferación de medios de comunicación digitales, así como el
ascenso de potencias adversas al así denominado mundo basado en reglas, han revivido la
disputa informativa que, en tiempos de la Guerra Fría, buscaba incidir activamente en la
percepción social sobre los bloques en pugna, con fines estrictos de desestabilización.
Mostraremos, a lo largo del ensayo, cómo el fenómeno desinformativo es de nueva cuenta una
estrategia de Estado, para la cual se ponen en marcha ingentes recursos humanos, financieros y
materiales, todos ellos orientados a moldear la opinión pública respecto de asuntos
geoestratégicos.
Contrario a Sartori, haremos notar, pues, que la desinformación es, en cuanto arma política, un
fenómeno hábilmente articulado, el cual no puede reducirse a los intereses de las cadenas
televisivas nacionales y trasnacionales y a la indulgencia de unos cuantos comunicadores. Sino
que responde a objetivos globales de autocracias como las de China y Rusia, quienes han
diseñado medios de comunicación estatales, redes de activismo digital y estrategias varias para
promover sus narrativas y desacreditar a las democracias occidentales desde distintos flancos. En
este sentido, compartimos la idea sartoriana según la cual «la televisión [y, de manera más
general, los medios de comunicación independientes y la libertad de expresión] penaliza a los
países libres y protege a los países sin libertad en los que las dictaduras gobiernan matando»
(Sartori, 1993, p. 90).
| Genero | Publicado | Idioma | Extensión | Editorial |
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| Análisis | 2024 | Español | 21 Páginas | GAPAC AC |




