Opinión

Cuba: ¿crisis endógena, salida exógena?

Por: Hilda Landrove

A pesar de que la historia cubana posterior a 1959 ha estado llena de momentos críticos -la crisis de los misiles, el éxodo del Mariel, el período especial-, el que se precipita hoy tiene los visos de ser uno definitorio. En todas ellas han confluido, en diferente medida, la situación endógena (generalmente asociada a crisis internal), el diferendo con Estados Unidos, y la situación geopolítica.

La situación endógena, que debiera ser el punto de partida ineludibe de cualquier análisis, es hoy la de una crisis humanitaria de carácter catastrófico que se ha extendido durante varios años y se ha vuelto crónica a pesar de planes de ordenamiento y reordenamiento económico que no tocan el problema estructural. Un diseño de control total en lo económico, pero tambien en lo social y lo político, ha conducido a la concentración del poder en una élite monopólica, la corporativización de las ganancias y los privilegios hacia un sector cercano a dicha élite y aquellos que, habiendo tenido la oportunidad de encontrar formas de sobrevivencia en el orden del totalitarismo tardío, intercambiaron prebendas por silencio y complicidad política. La infraestructura de los servicios básicos, deteriorada al máximo por décadas de falta de inversión, no logra proveer ni siquiera de forma mínima las necesidades esenciales de la población.

Sin embargo, la propaganda de lo que a pesar de la interminable acumulación de testimonios sobre sobre su evidente fracaso, continua siendo vista por muchas personas, oganizaciones y gobiernos de la región como una revolución, ha inhibido cualquier movilzación que reconozca el carácter fundamentalmente endógeno de la catástrofe cubana. El relato de un pueblo en resistencia frente al imperialismo de Estados Unidos parece operar siempre como un permiso para la represión, la violación de derechos humanos e incluso la justificación de la incapacidad para garantizar el funcionamiento de la sociedad.

Con la Orden Ejecutiva de Donald Trump el 29 de enero de 2026, que declaraba a Cuba una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos y el anuncio de que se impondrían aranceles del 100% a los países que enviaran petróleo a Cuba, el sistema de sanciones de Estados Unidos hacia Cuba se acercaba a su momento de mayor intesidad y se transformaba, cual profecía autocumplida, en lo más cercano a un bloqueo real. México, el último reducto de importación de petróleo hacia la isla, dejó de enviar crudo y movió sus envíos hacia la ayuda humanitaria. La presión sobre Cuba ha ido aumentando en las últimas semanas, en particular después de los sucesos del 3 de enero en Venezuela y de intervención en Irán, que condujo a la muerte al ayatolá Khameini. Sin embargo, por primera vez en muchísimo tiempo, la crisis no es vista por una gran parte de cubanas y cubanos únicamente como un estado de normalidad del que cual es imposible salir y que parece no tener fin por más que se agrave, sino como la antesala de un cambio.

Que tal cambio pueda provenir de Estados Unidos, aparece como una traición a quienes han mirado y siguen mirando a Cuba como una  reliquia antiimperialista. Los cubanos han sido conminados durante décadas, en beneficio de la conservación de la utopía de la revolución, a encarnar la imagen de la resistencia. El costo de esa imagen ha sido un respaldo acrítico al régimen y la sordera selectiva frente a la experiencia concreta de las víctimas del totalitarismo cubano. Y mientras eso sucedía, el pueblo cubano se volvía cada vez más pobre, y era cada vez mas reprimido, y quedaba cada vez más roto.

Hay una relacion directa entre la complicidad y apoyo a la dictadura cubana, y este inevitable giro de los acontecimientos. Por una parte, el antiimperialismo ciego, que pone el imperativo ideológico doctrinal por encima del reconocimiento de la realidad y la solidaridad con las víctimas, termina actuándo como fuerza complementaria, no opuesta. En la medida que los crímenes y las violaciones de derechos humanos son justificados con un argumento ideológico, el argumento mismo queda vacíado de sentido. No es difícil comprender cómo ese vacío abre el espacio para que un argumento igualmente ideológico, pero en la dirección contraria, se convierta en el sentido común dominante, o incluso para que argumentos que no tienen nada que ver con la ideología, como los del poder geopolítico, ocupen su lugar.

Actúa como fuerza complementaria además porque inhibe las soluciones “desde adentro y desde abajo” y deja abierta la puerta a la necesidad de una fuerza externa. Si la crisis es endógena, la salida a la misma debería serlo, pero ubicar la responsabilidad de la crisis en el exterior (el “bloqueo”, la política agresiva de los Estados Unidos) termina ubicando también allí su salida. Un régimen cerrado vuelve casi imposible la participación social que podría generar un cambio. Y el régimen cubano ha avanzado desde un cierre estructural, que impide por diseño la posibilidad de su transformación, y ha avanzado hacia un blindaje total, claramente reconocible en la normativa constitucional que preconiza la imposibilidad de renunciar al socialismo. La ausencia de derechos civiles, y la represión que se ejerce contra quienes de todas formas deciden ejercerlos, vuelve inutilizables los métodos tradicionales de la acción social, y extremandamente difíciles incluso a los que provienen del repertorio de la lucha no violenta y la resistencia pacífica. Si por parte, desde el exterior la presión proviene únicamente de Estados Unidos, y el resto del mundo ha decidido colaborar con el régimen, sin hacer siquiera críticas y llamadas al desmantelamiento del sistema represivo y la recuperación de los derechos cívicos, hay poco espacio para esperar otra cosa que una solución no solo “desde afuera” sino desde los Estados Unidos. Esta es la realidad que el antiimperialismo de biblioteca pasa siempre por alto; una que ha implicado, en muchos casos, el tipo participación activa que consiste en defender un modelo no solo fracasado sino causante de inmenso sufrimiento a varias generaciones de cubanos.

Recientemente, ese “desde afuera” pareció tomar la forma de una incursión de cubanos dispuesto a entrar al territorio para recuperarlo. No es posible saber mucho más porque la calificación de mercenarios y terroristas que recibieron, además de la metralla que mató a 4 e hirió a otros 5, funciona como la conocida “peligrosidad predelictiva” y a pesar de la evidencia de armas y municiones, el relato estatal tiene demasiadas inconsistencias como para ser tomado por verdad absoluta. Sin embargo, sirve al menos para reconocer en el panorama de los escenarios posibles que el “afuera” no es siempre el imperialismo; también puede ser ese impulso del regreso y el rescate que tantas veces antes ha marcado las luchas nacionales por liberarse de la opresión.

No siento simpatía alguna con el imperialismo como proyecto de mundo; ni en su versión multipolar -donde China, Rusia y Estdos Unidos se reparten regiones del planeta-, ni en la versión que pretende que el único imperialismo que debería preocuparnos es el norteamericano; esa que hizo a muchos defender la invasión de Rusia a Ucrania. Pero no tengo simpatía alguna tampoco con su versión supuestamente antagónica de “la soberania frente al imperialismo”. En esa, la soberanía sirve de excusa para crear otras formas de imperialismo que se presentan como internacionalismo y son excusadas, cuando se ponen en evidencia, como mal supuestamente menor y por tanto preferible. En cualquiera de esas versiones, la soberanía tiene que comenzar, y ser regresada, a la sociedad misma. Por eso el anti imperialismo se ha vuelto insuficiente; por eso incluso un argumento retrógrado y reaccionario. Porque lo que defiende no es la reacción al proyecto imperialista, sino su uso como permiso para instaurar la opresión autoritaria.

Gobierno y Análisis Político A. C.

Gobierno y Análisis Político AC Gobierno y Análisis Político AC es una Organización de la Sociedad Civil (OSC) especializada en la investigación académica, el fortalecimiento de la sociedad civil y la capacitación e incidencia ciudadanas Nuestras líneas de trabajo son:​ · Investigación e Incidencia pública sobre tendencias globales autoritarias · Educación cívica y promoción de la cultura democrática · Fortalecimiento y acompañamiento a actores de la sociedad civil organizada y la ciudadanía

Hilda Landrove

Investigadora, ensayista y promotora cultural cubana radicada en México. Se ha dedicado durante años al emprendimiento social y cultural, y más recientemente a la investigación académica en temas de antropología política. Es Dra. en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Entre sus principales líneas de investigación se encuentran la acción política en contextos cerrados, los movimientos políticos de los pueblos amerindios y las dinámicas del poder y el contrapoder a través de las disputas narrativas en la esfera pública. Es profesora de Cátedra del Tecnológico de Monterrey (campus Querétaro). Conduce y coordina el podcast Caminero.
Botón volver arriba