Redes para resistir: la infraestructura internacional de influencia del régimen cubano

Hallazgos del monitoreo de sharp power cubano, julio-agosto de 2026
Resumen ejecutivo
El monitoreo realizado por Gobierno y Análisis Político A.C. (GAPAC) entre el 1 de julio y el 31 de agosto de 2026 muestra que, pese al deterioro económico interno y al incremento de la presión internacional, el régimen cubano conserva una importante capacidad para movilizar actores, narrativas y recursos fuera de sus fronteras.
Los acontecimientos registrados revelan una infraestructura de influencia que rebasa la diplomacia convencional. Embajadas cubanas, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), organizaciones de solidaridad, sindicatos, partidos políticos, asociaciones de cubanos residentes, antiguos estudiantes formados en la isla y brigadas internacionales conforman un ecosistema heterogéneo capaz de amplificar narrativas favorables al régimen, producir legitimidad política y movilizar recursos materiales.
Cuatro tendencias sobresalieron durante el periodo. Primero, México continuó consolidándose como el principal nodo de articulación entre los países prioritarios del monitoreo, combinando respaldo gubernamental, cooperación institucional, movilización social y legitimación simbólica. Segundo, el centenario del nacimiento de Fidel Castro proporcionó una oportunidad excepcional para reactivar redes históricas de influencia. Tercero, las organizaciones internacionales de apoyo mostraron una creciente capacidad para transformar solidaridad política en recursos materiales, especialmente medicamentos y equipamiento energético. Finalmente, las asociaciones de graduados, brigadas y organizaciones creadas o cultivadas durante décadas muestran que una parte importante de la influencia cubana constituye un capital relacional acumulado a largo plazo.
El principal hallazgo, por tanto, no es simplemente la persistencia de expresiones internacionales de solidaridad con Cuba. Es la capacidad del régimen para activar una infraestructura transnacional que conecta actores estatales y no estatales y que contribuye a su legitimación, proyección política y resiliencia frente a un contexto externo crecientemente adverso.
Influencia en red: más allá de la diplomacia tradicional
La capacidad internacional de Cuba presenta características particulares. Frente a actores que despliegan importantes recursos económicos para proyectar influencia, La Habana dispone de capacidades materiales considerablemente menores. Su principal activo reside en una infraestructura política, ideológica y simbólica construida durante décadas.
El monitoreo de julio y agosto permite observar cómo esta infraestructura conecta instituciones estatales cubanas (especialmente sus representaciones diplomáticas y el ICAP) con organizaciones extranjeras de naturaleza muy diversa. Esto no significa que todas las acciones registradas sean dirigidas desde La Habana ni que toda expresión de solidaridad constituya automáticamente una operación de sharp power. Las organizaciones locales poseen distintos niveles de autonomía y motivaciones propias.
Lo relevante desde una perspectiva analítica es la convergencia recurrente entre actores, narrativas y objetivos. Durante el periodo monitoreado, organizaciones situadas en distintos países reprodujeron simultáneamente mensajes contra las sanciones estadounidenses, defendieron la continuidad de relaciones económicas y diplomáticas con Cuba, movilizaron recursos para la isla y reivindicaron la legitimidad histórica de la Revolución.
Esta capacidad de activar actores diversos alrededor de determinadas coyunturas constituye una de las principales fortalezas internacionales del régimen.
México: el nodo más denso de articulación
México volvió a destacar durante el periodo por la superposición de tres dimensiones: movilización de redes sociales y políticas, respaldo gubernamental y profundización de vínculos institucionales.
El 26 de julio, miles de personas participaron en Ciudad de México en una movilización convocada por el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y respaldada por más de 90 organizaciones. La marcha no se limitó a expresar rechazo a la política estadounidense: planteó una demanda concreta al Gobierno mexicano para mantener el suministro de petróleo a la isla.
El episodio muestra cómo una red tradicionalmente definida en términos de solidaridad puede funcionar también como estructura doméstica de presión sobre decisiones de política exterior hacia Cuba. La movilización social converge, además, con una política gubernamental favorable a preservar la cooperación bilateral.
El 30 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum ratificó públicamente el respaldo de México a Cuba y la continuidad de la ayuda material. Un día después, el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM) reafirmó su solidaridad con Cuba durante su 43 Congreso, trasladando la narrativa contra las sanciones a un espacio sindical universitario de considerable alcance.
La relación también continuó profundizándose mediante canales institucionales. En agosto, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, sostuvo un encuentro con el ministro cubano de Educación Superior, Walter Baluja García, y el embajador cubano Eugenio Martínez Enríquez. La agenda anunciada incluyó intercambio de docentes, investigadores y estudiantes, proyectos conjuntos de formación e intercambio de experiencias y buenas prácticas educativas. La información disponible no permite afirmar que exista un acuerdo de la SEP para contratar maestros cubanos; sí confirma una ampliación de la cooperación educativa.

Esta dimensión resulta particularmente significativa cuando se considera junto con la cooperación sanitaria y la presencia de miles de médicos cubanos en México. Más que cada programa por separado, importa la densificación de relaciones entre instituciones cubanas y mexicanas en sectores sensibles de política pública, así como las redes profesionales y políticas que estos intercambios pueden producir a largo plazo.
El centenario de Fidel: memoria como recurso de influencia
El centenario del nacimiento de Fidel Castro constituyó la principal coyuntura de movilización simbólica de agosto. Las conmemoraciones permitieron a las instituciones cubanas y organizaciones asociadas conectar la memoria histórica de la Revolución con las necesidades políticas contemporáneas del régimen.
México volvió a ocupar un lugar destacado. El 13 de agosto, la Embajada de Cuba reunió a políticos, diplomáticos, académicos, investigadores y representantes de organizaciones mexicanas para celebrar el centenario de Fidel Castro. La consigna de defender Cuba mediante el legado de Fidel vinculó explícitamente la conmemoración histórica con la defensa contemporánea del régimen.
La relevancia del fenómeno reside también en su extensión geográfica. En Chile, movimientos de solidaridad, juventudes políticas, brigadas de propaganda y egresados de instituciones cubanas realizaron acciones públicas por el centenario. En Uruguay, militantes del Frente Amplio participaron en un homenaje celebrado en la sede del Partido Socialista y con presencia de la representación diplomática cubana. También se registraron actividades en Argentina, Brasil, Perú, Guatemala, Francia, Italia y otros países.
La simultaneidad de estos eventos permite interpretar las efemérides revolucionarias como mecanismos periódicos de mantenimiento y reactivación de redes. La figura de Fidel proporciona un repertorio simbólico compartido que facilita reunir organizaciones heterogéneas, renovar vínculos con las misiones diplomáticas cubanas y conectar identidades políticas históricas con prioridades presentes.

Argentina: de la movilización territorial al apoyo material
Argentina mostró otra modalidad de funcionamiento de estas redes. En ausencia de un respaldo gubernamental comparable al mexicano, la movilización descansó principalmente en organizaciones políticas, sindicales y sociales.
El 4 de julio, 135 organizaciones argentinas participaron en una acción colectiva de respaldo a Cuba, un indicador de la densidad que todavía conserva el movimiento organizado de solidaridad en el país.
Pero el elemento más relevante apareció en la capacidad de convertir movilización política en cooperación material. Durante julio, la campaña “Estamos con Cuba” extendió actividades hacia distintos territorios argentinos y recaudó recursos destinados a sistemas de generación solar. El ciclo se completó cuando 45 sistemas solares financiados mediante la campaña llegaron a Cuba el 31 de julio.
La secuencia resulta particularmente importante para comprender la resiliencia internacional del régimen: articulación política, movilización territorial, recaudación y transferencia efectiva de recursos. Las redes externas no solo disputan narrativas sobre Cuba; bajo determinadas circunstancias pueden contribuir directamente a aliviar vulnerabilidades materiales de la isla.
Cuando el capital político se transforma en recursos
Esta conversión de afinidad política en apoyo material constituye uno de los hallazgos más significativos del bimestre. En España, el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba informó haber enviado 62 cargamentos por un valor acumulado de 4,43 millones de euros, además de desarrollar campañas relacionadas con la generación solar.
Durante agosto, 27 comparsas integradas en Bilboko Konpartsak utilizaron la Semana Grande de Bilbao para impulsar una campaña destinada a financiar instalaciones solares para hospitales cubanos. El caso muestra la capacidad de insertar una campaña favorable a Cuba en un evento cultural masivo y convertir esa visibilidad en recursos concretos.
La creciente importancia de la cooperación energética no parece accidental. Las redes internacionales están adaptando sus iniciativas a una de las principales vulnerabilidades contemporáneas de Cuba: la crisis eléctrica. Esto implica una evolución funcional desde campañas centradas fundamentalmente en el rechazo al embargo hacia formas de cooperación orientadas a fortalecer capacidades materiales específicas.
La diplomacia educativa como inversión de largo plazo
Otro patrón observado durante el periodo permite apreciar los efectos acumulativos de la política exterior cubana. El 13 de agosto, profesionales chilenos graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) enviaron 17 maletas con medicamentos, equipos e insumos destinados a hospitales cubanos. Cuatro días después, médicos argentinos formados en Cuba impulsaron una colecta de medicamentos para la isla.
Estos acontecimientos permiten identificar una consecuencia estratégica de los programas educativos cubanos que trasciende sus resultados inmediatos. Becas y programas de formación generan comunidades profesionales extranjeras con experiencias personales y vínculos institucionales con Cuba. Años después, esos antiguos beneficiarios pueden convertirse en organizadores de campañas, interlocutores políticos o proveedores de asistencia.
No todos los graduados reproducen necesariamente las posiciones del régimen ni estas redes deben interpretarse automáticamente como instrumentos controlados desde La Habana. Sin embargo, los casos registrados muestran que la diplomacia educativa puede producir un capital relacional duradero susceptible de movilización posterior. Esta observación adquiere especial relevancia para México ante la ampliación de los intercambios educativos y la prolongada cooperación sanitaria entre ambos países.
Brigadas internacionales: socialización y reproducción de redes
Las brigadas constituyen otro instrumento histórico que permaneció activo durante el periodo. En agosto, la 53 Brigada Europea José Martí reunió a 112 participantes procedentes de 14 países, quienes recorrieron instituciones científicas y empresariales de la isla. Paralelamente, más de 50 activistas internacionales llegaron a Cuba mediante el III Convoy Nuestra América para participar en encuentros, recorridos históricos y actividades asociadas al centenario.
Las brigadas cumplen una función diferente de la diplomacia tradicional. Crean experiencias de inmersión en las que participantes extranjeros interactúan directamente con instituciones, organizaciones y narrativas oficiales cubanas. Al regresar a sus países, algunos de ellos se incorporan o permanecen vinculados a estructuras nacionales de solidaridad.
Por ello, pueden analizarse como mecanismos de socialización política y reproducción transnacional de redes, además de sus componentes humanitarios o culturales.

Colombia: redes sociales y amplificación diplomática
Colombia presentó una combinación distinta entre movilización social y respaldo diplomático.
El Movimiento Colombiano de Solidaridad con Cuba rechazó el 7 de julio las sanciones estadounidenses y llamó a gobiernos y organizaciones internacionales a movilizarse contra ellas. Ese mismo día, la representación colombiana ante Naciones Unidas rechazó el embargo y las sanciones secundarias contra Cuba, trasladando una narrativa coincidente con la cubana al espacio multilateral.
Tras el cambio político colombiano, la dimensión de incidencia adquirió mayor visibilidad. En agosto, la Asociación de Cubanos Residentes en Colombia solicitó al nuevo gobierno preservar las relaciones diplomáticas y la cooperación con La Habana.
El caso colombiano evidencia que las redes favorables a Cuba pueden desempeñar una función que rebasa la solidaridad: buscar preservar espacios de cooperación bilateral e influir sobre las decisiones de política exterior de los países donde operan.
Implicaciones para el análisis y las políticas públicas
Los hallazgos de julio y agosto sugieren que la influencia cubana debe analizarse como un ecosistema transnacional, evitando tanto minimizarla como atribuir automáticamente a La Habana el control de cualquier organización extranjera favorable a Cuba.
De esta evidencia se desprenden cinco implicaciones principales.
- Primero, el monitoreo debe desplazarse de actores individuales hacia redes. Las relaciones entre embajadas, ICAP, organizaciones solidarias, partidos, sindicatos, universidades, asociaciones profesionales y antiguos beneficiarios de programas cubanos permiten entender mejor cómo circulan las narrativas y cómo se mantienen los vínculos a largo plazo.
- Segundo, resulta necesario diferenciar solidaridad política de influencia coordinada. Una posición favorable a Cuba no constituye por sí misma evidencia de sharp power. Indicadores más robustos son la interacción recurrente con instituciones cubanas, la participación de representantes diplomáticos, la reproducción sistemática de prioridades oficiales, la coordinación transnacional y la movilización orientada a incidir sobre decisiones gubernamentales.
- Tercero, los programas de cooperación deben evaluarse también por sus efectos políticos acumulativos. La educación, salud y cultura producen beneficios legítimos para sus participantes, pero también pueden generar redes de afinidad y acceso institucional que sobreviven durante décadas. La transparencia sobre convenios, financiamiento, mecanismos de selección y condiciones de cooperación resulta particularmente relevante cuando estos programas involucran a instituciones de un régimen autoritario.
- Cuarto, la dimensión material debe incorporarse al análisis de la influencia. Los casos de Argentina, España y las redes de graduados muestran que la infraestructura transnacional favorable a Cuba puede movilizar medicamentos, equipos y sistemas energéticos. Su importancia política reside precisamente en la transición de la legitimación simbólica hacia la contribución material a la resiliencia del régimen.
- Quinto, México como caso prioritario para el monitoreo. Los próximos meses deberían prestar especial atención a México. Ningún otro caso prioritario del periodo presenta una convergencia comparable entre respaldo gubernamental, cooperación sanitaria, ampliación de intercambios educativos, organizaciones de solidaridad altamente activas, estructuras sindicales y espacios académicos receptivos a la narrativa cubana.
Conclusiones
El monitoreo de GAPAC para julio y agosto de 2026 permite identificar una paradoja: la creciente vulnerabilidad doméstica de Cuba coexiste con una infraestructura internacional de influencia todavía funcional.
El régimen dispone de recursos materiales limitados, pero conserva relaciones políticas, simbólicas e institucionales construidas durante más de seis décadas. El centenario de Fidel Castro hizo particularmente visible esa infraestructura: embajadas, movimientos sociales, sindicatos, partidos, antiguos estudiantes y brigadas pudieron movilizarse simultáneamente en numerosos países alrededor de un repertorio político compartido.
Sin embargo, los acontecimientos más importantes del periodo fueron aquellos en los que ese capital simbólico produjo efectos adicionales. Argentina mostró cómo una campaña política puede terminar financiando sistemas solares; España, cómo redes consolidadas pueden movilizar millones de euros en ayuda; los graduados de la ELAM, cómo una política educativa puede producir vínculos que continúan operando décadas después; y México, cómo diplomacia, cooperación estatal, redes sociales y legitimación simbólica pueden coexistir dentro de un mismo ecosistema de relaciones con Cuba.
La principal conclusión es, por tanto, que la capacidad internacional del régimen no puede medirse exclusivamente mediante sus alianzas estatales. Una parte sustancial de su resiliencia reside en las redes que puede activar fuera de sus fronteras para reproducir narrativas, generar legitimidad, incidir sobre actores extranjeros y, crecientemente, movilizar recursos materiales.
Para comprender la proyección internacional cubana resulta necesario observar precisamente esa zona de intersección entre diplomacia pública, cooperación, afinidad ideológica y movilización transnacional. Allí se encuentra uno de los activos externos más persistentes del régimen y, al mismo tiempo, uno de los menos visibles cuando el análisis se limita a la diplomacia formal.



