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Redes activas, respaldo menguante: los límites de la influencia internacional del régimen cubano

Hallazgos del monitoreo de sharp power cubano, septiembre–octubre de 2026

Resumen ejecutivo

El monitoreo realizado por Gobierno y Análisis Político A. C. (GAPAC) entre el 1 de septiembre y el 31 de octubre de 2026 revela una paradoja en la proyección internacional del régimen cubano: mientras sus redes de solidaridad, organizaciones políticas aliadas y representaciones diplomáticas mantuvieron una considerable capacidad de movilización en el hemisferio occidental, La Habana experimentó una importante reducción de su respaldo en Naciones Unidas.

El acontecimiento más significativo del bimestre fue la votación del 28 de octubre en la Asamblea General de la ONU sobre la resolución que exige el levantamiento del embargo estadounidense contra Cuba. Aunque el documento fue nuevamente aprobado, los votos favorables disminuyeron de 165 en 2025 a 130 en 2026, mientras que los votos contrarios aumentaron de siete a 17 y las abstenciones de 12 a 25. Naciones Unidas identificó este resultado como el nivel más bajo de respaldo a la resolución en dos décadas.

Fuente: Asamblea General de Naciones Unidas, votaciones del 29 de octubre de 2025 y 28 de octubre de 2026.

Este retroceso diplomático contrasta con la persistencia de una infraestructura transnacional favorable al gobierno cubano. Durante el periodo se documentaron contactos entre embajadas cubanas y actores políticos extranjeros, manifestaciones de solidaridad, pronunciamientos sindicales y partidarios, iniciativas para influir sobre decisiones de política exterior y campañas destinadas a movilizar recursos materiales hacia la isla.

Cuatro tendencias sobresalieron. Primero, la votación de Naciones Unidas funcionó como un eje articulador de organizaciones de distintos países. Segundo, las representaciones diplomáticas cubanas mantuvieron relaciones directas con actores políticos y sociales extranjeros. Tercero, las redes de solidaridad continuaron transformando afinidades ideológicas en apoyo material, particularmente en el sector energético. Finalmente, el resultado de la votación mostró los límites de estas redes para preservar alineamientos gubernamentales en un contexto de mayor presión estadounidense.

El principal hallazgo es, por tanto, que la capacidad de movilización transnacional de Cuba no se traduce necesariamente en influencia efectiva sobre las decisiones de los Estados. El régimen conserva un entramado internacional funcional, pero su capacidad para convertir relaciones históricas, afinidades ideológicas y solidaridad organizada en respaldo diplomático enfrenta restricciones crecientes.

Una infraestructura transnacional que sigue funcionando

La política exterior cubana dispone de un recurso que ha sobrevivido a décadas de crisis económicas y transformaciones políticas regionales: una red heterogénea de organizaciones, movimientos, partidos, sindicatos y asociaciones de residentes que mantienen vínculos de solidaridad con la isla.

Esta infraestructura no depende exclusivamente de la acción gubernamental directa. Su funcionamiento combina instituciones oficiales —como las embajadas y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)— con organizaciones extranjeras que poseen diferentes grados de autonomía y afinidad ideológica.

Durante septiembre y octubre, el monitoreo permitió identificar actividades de estas redes en México, Argentina, Brasil, Colombia, Panamá, República Dominicana, Chile, El Salvador y Estados Unidos, entre otros países.

El rasgo más relevante no fue únicamente la reiteración de declaraciones contra las sanciones estadounidenses. Algunas organizaciones buscaron influir sobre decisiones gubernamentales concretas, otras movilizaron recursos materiales y varias participaron en actividades que permitieron a representantes oficiales cubanos interactuar con actores políticos extranjeros.

Un ejemplo de la continuidad de estos vínculos ocurrió en septiembre, cuando el gobierno cubano condecoró a dos integrantes del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil. La distinción, concedida a propuesta del ICAP, reconoció una relación de solidaridad construida durante décadas. Más allá del valor ceremonial, el episodio muestra cómo La Habana cultiva relaciones con organizaciones sociales extranjeras mediante mecanismos de reconocimiento político e institucional.

La votación de Naciones Unidas: una victoria diplomática con menos apoyos

El 28 de octubre se convirtió en el punto de convergencia de buena parte de las actividades de influencia registradas durante el bimestre.

La Asamblea General aprobó por trigésima cuarta ocasión una resolución que solicita el levantamiento del embargo estadounidense. El resultado permitió a La Habana reivindicar nuevamente el respaldo mayoritario de la comunidad internacional. Sin embargo, la reducción de 35 votos favorables respecto de 2025 representa un cambio sustantivo.

Según Naciones Unidas, la resolución recibió el menor apoyo en veinte años. La agencia Reuters documentó que la campaña diplomática estadounidense contribuyó a modificar las posiciones de varios gobiernos.

El canciller cubano Bruno Rodríguez durante el debate de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre el embargo, el 28 de octubre de 2026. Fotografía de Olga Fedorova/EFE. Ver fotografía y cobertura original.

Este resultado pone de manifiesto una diferencia fundamental entre movilización social e influencia gubernamental. La existencia de organizaciones favorables a Cuba en un país no garantiza que su gobierno respalde las posiciones de La Habana en los organismos multilaterales.

Colombia, Ecuador y Costa Rica figuraron entre los países que votaron contra la resolución, mientras que otros gobiernos modificaron sus posiciones mediante abstenciones. El contraste resulta especialmente significativo porque en varios de estos países continuaron activas organizaciones de solidaridad que defendieron públicamente la posición cubana.

La votación tampoco debe interpretarse como un referéndum sobre la legitimidad del régimen cubano. Rechazar el embargo no implica respaldar su sistema político, del mismo modo que votar contra la resolución no demuestra necesariamente adhesión a todas las medidas estadounidenses. No obstante, la reducción del apoyo revela que una de las principales herramientas históricas de legitimación diplomática de La Habana enfrenta mayores dificultades.

De la solidaridad a la presión sobre gobiernos extranjeros

Uno de los acontecimientos más relevantes del periodo tuvo lugar en Panamá. El 16 de octubre, la Coordinadora Nacional de Solidaridad con Cuba solicitó formalmente al canciller Javier Martínez-Acha que el país respaldara la resolución cubana en Naciones Unidas.

La organización vinculó su petición con los principios de soberanía, no intervención y libertad de comercio, además de advertir sobre las consecuencias que las restricciones estadounidenses podrían tener para terceros países y empresas vinculadas con Panamá.

El episodio ilustra una modalidad de actuación que rebasa la solidaridad simbólica: el intento explícito de trasladar una posición favorable a Cuba hacia las decisiones de política exterior de un gobierno extranjero.

Una dinámica semejante se observó en República Dominicana. El 20 de septiembre, más de 500 participantes asistieron a una Conferencia Dominicana de Solidaridad con Cuba. Durante la reunión, el embajador Ángel Arzuaga presentó la posición del gobierno cubano frente a las sanciones estadounidenses.

La conferencia también produjo una declaración dirigida al presidente Luis Abinader, en la que sus participantes cuestionaron la decisión dominicana de solicitar la salida de funcionarios de la representación diplomática cubana.

Aquí aparecen dos dimensiones complementarias: la presencia de un representante oficial cubano en una plataforma de movilización social y la utilización de esa plataforma para formular demandas políticas ante un gobierno extranjero.

La relevancia analítica reside precisamente en esta articulación. Las organizaciones solidarias pueden funcionar como interlocutoras de las embajadas y, al mismo tiempo, como actores domésticos que presionan a sus propias autoridades. Ello no implica necesariamente que operen bajo instrucciones de La Habana, pero sí permite identificar mecanismos concretos de incidencia política favorables a sus intereses.

México: convergencia entre diplomacia, actores políticos y movilización social

México continuó destacando durante septiembre y octubre por la combinación de relaciones gubernamentales, activismo político, cooperación institucional y movilización de organizaciones solidarias.

El 28 de septiembre, el embajador cubano Eugenio Martínez recibió a la dirigente política mexicana Bertha Luján. Durante el encuentro, el diplomático expuso la posición cubana respecto de las sanciones estadounidenses y agradeció el respaldo histórico de sectores políticos mexicanos. Luján, por su parte, destacó la importancia de fortalecer los vínculos bilaterales y valoró positivamente la participación de médicos cubanos en México.

Este encuentro es relevante porque muestra interlocución directa entre la representación diplomática cubana y una figura políticamente vinculada con el oficialismo mexicano. No constituye evidencia de influencia indebida sobre decisiones gubernamentales, pero sí demuestra la continuidad de relaciones políticas que trascienden los canales diplomáticos formales.

En octubre, las organizaciones solidarias mexicanas retomaron la movilización pública alrededor de la votación en Naciones Unidas. El 29 de octubre, diferentes colectivos se concentraron en Paseo de la Reforma para celebrar la aprobación de la resolución y solicitar, entre otras demandas, que México mantuviera el suministro de petróleo a Cuba.

Movilización de organizaciones mexicanas en Paseo de la Reforma, Ciudad de México, tras la votación de Naciones Unidas. Fuente: Prensa Latina, 29 de octubre de 2026.

El caso mexicano presenta una característica particular: las redes favorables a Cuba no se limitan a defender posiciones ideológicas generales, sino que también formulan demandas sobre decisiones materiales del gobierno, particularmente en materia energética.

Estas actividades revelan una articulación entre solidaridad, diplomacia y presión política doméstica. Su importancia reside en la posibilidad de que organizaciones extranjeras actúen como defensoras de intereses coincidentes con los del gobierno cubano dentro de debates nacionales sobre política exterior.

Argentina y la transformación de solidaridad en recursos materiales

Argentina presentó una dinámica distinta. En un contexto de distanciamiento político entre los gobiernos de Javier Milei y Miguel Díaz-Canel, la movilización favorable a Cuba continuó descansando principalmente en organizaciones sindicales, sociales y políticas.

El 10 de octubre, el Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba relanzó la campaña «Estamos con Cuba», orientada a financiar dos nuevos sistemas solares para el Hospital Nacional Enrique Cabrera, en La Habana.

La iniciativa dio continuidad a una campaña anterior mediante la cual se financiaron 45 sistemas fotovoltaicos destinados a familias cubanas con personas que requieren equipos médicos eléctricos. La nueva etapa planteó recaudar fondos para sistemas de mayor capacidad, destinados a áreas hospitalarias. Noticias Prensa Latina

El caso permite observar cómo una red construida principalmente alrededor de afinidades ideológicas puede desarrollar mecanismos de cooperación material que respondan a necesidades específicas del Estado y la sociedad cubanos.

Las campañas de solidaridad ya no se limitan a organizar manifestaciones o pronunciamientos. También pueden recaudar fondos, adquirir equipos e impulsar proyectos que contribuyen a aliviar la crisis energética y sanitaria de la isla.

Esta dimensión resulta especialmente importante para el análisis de la resiliencia autoritaria. Los recursos obtenidos mediante redes internacionales pueden ayudar a reducir vulnerabilidades materiales del país, aunque sus beneficios directos recaigan en instituciones o ciudadanos y no necesariamente en la dirigencia política.

Partidos, sindicatos y movimientos sociales: los canales tradicionales permanecen activos

La relación entre el Estado cubano y organizaciones políticas extranjeras continuó manifestándose durante el bimestre.

En Brasil, la condecoración de integrantes del MST mostró la persistencia de vínculos con uno de los movimientos sociales más relevantes de América Latina. A través del ICAP, el gobierno cubano formalizó el reconocimiento de una relación histórica de cooperación y solidaridad.

En El Salvador, una caravana realizada el 24 de octubre movilizó aproximadamente 47 automóviles desde la Universidad de El Salvador hasta la embajada cubana. Entre los participantes y referentes políticos que respaldaron la actividad figuró Carlos Castaneda, excanciller y dirigente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

La caravana permite identificar la persistencia de vínculos entre organizaciones de solidaridad y actores partidarios de izquierda, incluso en países cuyos gobiernos mantienen posiciones diferentes respecto de La Habana.

También en Estados Unidos se registró una movilización descentralizada. Entre el 24 y el 31 de octubre, la Red Nacional sobre Cuba impulsó actividades en diferentes ciudades, incluidas Nueva York, Chicago, Miami y Los Ángeles. Las acciones combinaron manifestaciones, reuniones públicas y campañas de comunicación orientadas a denunciar el embargo y sus consecuencias.

Caravana de solidaridad con Cuba realizada en San Salvador el 24 de octubre de 2026. Fuente: Prensa Latina.

Estos acontecimientos ponen de manifiesto la importancia de las redes organizativas que Cuba mantiene en el hemisferio occidental. A diferencia de las alianzas gubernamentales, que pueden variar con los resultados electorales, las relaciones con sindicatos, partidos y movimientos sociales pueden permanecer activas durante largos periodos.

Se trata de un capital político acumulado que permite sostener la presencia internacional de las narrativas oficiales cubanas aun cuando algunos gobiernos extranjeros modifican su posición hacia La Habana.

Implicaciones para el análisis y las políticas públicas

Los hallazgos de septiembre y octubre permiten identificar cinco implicaciones para el estudio de la influencia internacional del régimen cubano.

  • Primero, la movilización transnacional no garantiza resultados diplomáticos. La reducción del respaldo a la resolución cubana en Naciones Unidas muestra que una infraestructura internacional activa puede coexistir con una pérdida de influencia en determinadas decisiones estatales. Los análisis deben distinguir entre presencia organizativa, capacidad de movilización e influencia efectivamente ejercida.
  • Segundo, las redes de solidaridad deben analizarse a partir de sus vínculos institucionales concretos. La participación de embajadores, funcionarios del ICAP o representantes del PCC constituye evidencia de relacionamiento directo con organizaciones extranjeras. Sin embargo, estos contactos deben diferenciarse de la existencia de control político, financiamiento encubierto o coordinación operativa, que requieren pruebas adicionales.
  • Tercero, los intentos de incidencia sobre la política exterior merecen especial atención. Las cartas dirigidas a cancillerías, los pronunciamientos parlamentarios y las campañas para modificar decisiones gubernamentales permiten identificar mecanismos de influencia más concretos que las declaraciones generales de solidaridad. Los casos de Panamá y República Dominicana ilustran esta dimensión.
  • Cuarto, la cooperación material debe incorporarse sistemáticamente al monitoreo. Las iniciativas de apoyo energético y sanitario muestran que las redes transnacionales pueden movilizar recursos más allá de las relaciones diplomáticas tradicionales. Es importante examinar la procedencia de los fondos, las instituciones receptoras, la transparencia de los mecanismos de transferencia y los efectos políticos de estas iniciativas, sin presumir irregularidades por su sola existencia.
  • Quinto, la influencia cubana debe evaluarse en relación con su contexto político. Los vínculos construidos durante décadas con organizaciones sociales y partidarias pueden continuar funcionando incluso cuando cambian los gobiernos nacionales. Sin embargo, la capacidad de estas redes para incidir en políticas públicas depende de factores como el acceso institucional, la competencia partidaria, la autonomía organizativa y las prioridades de política exterior de cada país.

Conclusiones: una red internacional persistente frente a un entorno más adverso

El monitoreo de GAPAC para septiembre y octubre de 2026 permite identificar una tensión central en la proyección internacional del régimen cubano.

Por una parte, La Habana conserva relaciones políticas, institucionales y simbólicas construidas durante décadas. Sus embajadas mantienen contactos con dirigentes extranjeros, las organizaciones solidarias movilizan apoyos y presionan sobre decisiones gubernamentales, los movimientos sociales continúan reivindicando el legado de la Revolución y determinadas redes consiguen canalizar recursos materiales hacia Cuba.

Por otra parte, el resultado de la votación de Naciones Unidas demuestra que esta infraestructura no es suficiente para preservar todos los alineamientos diplomáticos favorables al gobierno cubano. La reducción de 35 votos respecto del año anterior señala un deterioro significativo de una de sus principales plataformas de legitimación internacional.

El contraste es particularmente revelador. Mientras organizaciones de diversos países intensificaron sus actividades para promover la resolución contra el embargo, varios gobiernos modificaron sus posiciones, desafiando la narrativa de un respaldo internacional prácticamente invariable.

La infraestructura de influencia cubana sigue siendo funcional, pero su eficacia es desigual. Algunas redes generan visibilidad, otras proporcionan interlocución política y otras movilizan recursos; ninguna de estas capacidades garantiza, por sí misma, que los gobiernos extranjeros adopten las posiciones de La Habana.

Para comprender la proyección internacional del régimen cubano, resulta necesario estudiar tanto la persistencia de estas redes como sus límites. La principal conclusión del bimestre es que Cuba conserva capacidad para movilizar solidaridad internacional, pero enfrenta mayores dificultades para convertir ese capital político en respaldo diplomático efectivo.

Ese contraste deberá ocupar un lugar central en los próximos monitoreos de sharp power cubano en el hemisferio occidental.


Nota metodológica: Este análisis utiliza los acontecimientos identificados en el monitoreo de GAPAC de septiembre–octubre de 2026 y contrasta los casos principales con fuentes periodísticas y documentación de Naciones Unidas. Las fotografías se presentan como referencias editoriales vinculadas con los acontecimientos; su reutilización en WordPress debe respetar los derechos y créditos de sus titulares.

Gobierno y Análisis Político A. C.

Gobierno y Análisis Político AC Gobierno y Análisis Político AC es una Organización de la Sociedad Civil (OSC) especializada en la investigación académica, el fortalecimiento de la sociedad civil y la capacitación e incidencia ciudadanas Nuestras líneas de trabajo son:​ · Investigación e Incidencia pública sobre tendencias globales autoritarias · Educación cívica y promoción de la cultura democrática · Fortalecimiento y acompañamiento a actores de la sociedad civil organizada y la ciudadanía

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